¿Quien dijo que aqui no habia fiestas? noche del miercoles, me llama mi amiguete Kiarash que si me apunto a una fiesta, yo me apunto a un bombardeo, le respondo. Llamo a la agencia de taxis desde mi casa: Can I have a taxi? yes, yes, Jordan streeeeet Niloofar five apartament five, Baléh, mersi. Monto en el taxi: Agá, jiapune Farmanieh, Shahrvand supermarket, khooooob? (Señor, calle farmianieh, supermercado shahrvand, vale?)(la pregunta en farsi se hace alargando la ultima palabra q dices). Ok responde el taxista. Casi 30 minutos después y tras sufrir uno de los inmunerables atascos de esta ciudad llego a la galeria Silk Road, una de las mas importantes de Teherán, es donde trabaja Kiarash. Nada mas llegar me sirve un té y me dice que tenemos que esperarar a unos amigos, unos 15 minutos después llaman al timbre, nos vienen a buscar.
Otro atasco dirección a la fiesta, al pie de las montañas, un pueblo que fué engullido por el incesante crecimiento de la ciudad, pueblo con casas de pueblo y torres de pisos entre medias de las casas, esto solo pasa en Teherán.
Llegamos a una pared hecha de adobes de barro, tocamos a una puerta de estas de chapa oxidada que se puede ver en cualquier pueblo (lease Monzalbarba, Paracuellos de Jiloca o peor). Casi en el momento nos abre la puerta un chavalín, mira hacia un lado y hacia otro y nos dice que pasemos. Se cierra la puerta detrás de nosotros. La finca constaba de una huerta separada en dos por unas escaleras, y luego otras escaleras para llegar a la parte de la "vivienda": un jardín enorme rodeandolo todo, una piscina y un chalé enorme en el centro, un poco viejo pero muy grande, con un porche lleno de gente. Primer contacto en masa con gente iraní, todos mirandome acojonaos (a la hora o por ahi me entero que mis amigos tuvieron que ir aclarando que lo de la barba no era porque fuese de hisbulá, que de hecho era español). Veo las mesas todas llenas de comida y un par de botellas de alcohol destilado por ellos mismos, son gente joven, no tienen acceso al mercado negro.
Después de estar un rato en el porche viene el dueño de la casa y nos dice que nos metamos para adentro que estamos haciendo mucho ruido y no quiere problemas con los vecinos. Veo que se mete la gente por una puerta y por un pasillo, yo voy detrás. Entramos en una habitación, me encuentro lo que no me esperaba nunca de vivir aquí. Un DJ, con un equipo que te cagas, unos altavoces enormes, un juego de lasers y luces bastante decente y un proyector proyectando en la pared imágenes de videos musicales y qaf. ¡El paraiso! pensé, ahí estaba yo, casi 100 iranies, un francés, un holandés y el segundo de la embajada de no me acuerdo que pais bajo. Casi cuatro horas de bailoteos sin parar, conocer a gente, hincharme de zumo de manzana y hacer vida social, que en el fondo era lo que necesitaba. A la salida me encuentro al segundo de la embajada que me invita a un concierto clandestino de opera.
Me empieza a gustar esta ciudad.

Aparte del buen recuerdo que me guardé para mi, me llevé a casa uno de los antifaces que llevabamos todos en la fiesta.